PROMISED LAND

La verdadera civilización será la armonía de los hombres con la tierra y de los hombres entre sí. —Diego Rivera, Asamblea y mitin del primero de Mayo, SEP.1924.

Lo que sigue debería leerse como una declaración de intenciones: la propuesta de un recorrido artístico y curatorial.

 

Previo al estallido de la crisis sanitaria global que aún nos amenaza, Promised Land, exploraba varias nociones de performatividad, con especial énfasis en cómo las formas de la cultura popular y el ritual convergen con la representación del arte contemporáneo. Aquí performatividad debía leerse como un intento de formular diversas nociones del devenir, de reinvención, y de ensalzamiento de la conciencia política como condición de posibilidad para superar el presente de cualquier lucha —individual o colectiva, sociopolítica o de otro tipo. Performatividad era, entonces, un modo de resistencia, una forma de empoderamiento y de reivindicación.

 

Así el proyecto buscaba invitar a artistas cuyas obras pudiesen generar espacios en los que establecer plataformas de resistencia sociopolíticas, culturales, económicas y/o medioambientales. En ese sentido, presentamos exploraciones de episodios aleatorios trans-generacionales, trans- geográficos, históricos y contemporáneos que celebran la solidaridad entre artistas —y otras comunidades— de distintas regiones del mundo, pero también la perseverancia individual por reinscribir la subjetividad en sus propios términos, y la posibilidad de generar éstas más allá de lo impuesto. Esos episodios pretendían establecer momentos para la reinvención de dichas comunidades e individuos y al mismo tiempo destacar la noción de que la producción estética y la formulación del arte era —y continúa siendo— en gran medida un hecho social. Ejemplos de este tipo de relación es la obra de Elizabeth Catlett en México, pero también las ambiciosas aspiraciones sociales que enmarcaban eventos inimaginables hoy en día, como el FESTAC, el segundo Festival de Artes y Culturas Negras, celebrado en Lagos, Nigeria, en 1977.

 

El título del proyecto se inspira en los inicios de la música house, y en particular en el título homónimo de uno de sus himnos: “Promised Land” de Joe Smooth. Su aspiración de un mundo de unidad y libertad, reverberaba no solo en otros temas y estilos de vida house, sino que suponía para la comunidad house y hip-hop la celebración de una cierta ruptura cultural y, más significativamente, la apropiación de los medios de producción para desafiar el capitalismo y reinventarlo en términos de comunidad y ritual. Esto significó una revolución a todos los niveles y en numerosos lugares del mundo, cuyo eco aún reverbera en distintas formas culturales del presente.

 

Para nosotros, el gesto más fundamental hacia la socialización del arte, implícito en esa noción de tierra prometida fue de un modo más inminente y único el trabajo que el Maestro Francisco Toledo desarrolló en la ciudad. Crucial para el desarrollo cultural y artístico, y parte de la historia institucional de Oaxaca. El legado del Maestro Toledo generó un tejido institucional en el que el disfrute gratuito y democrático de la producción cultural y de conocimiento, la conservación ecológica, y la creación de formatos educativos diversos y radicales fueron algunos de los aspectos más destacados. A esta y otras transformaciones —sociopolíticas, culturales, económicas, institucionales, etc—, a la noción de performatividad de la historia, a la revolución entendida más allá del hecho único —como diría Audre Lorde— estaba y continúa estando dedicada esta edición.

Líneas de acción

La crisis desdibujó parte de nuestras ambiciones en la forma, pero no en el gesto. Si en un principio nuestro proyecto estaba enmarcado por una revisión que realzaba momentos históricos y las respuestas de artistas para una transformación de su entorno inmediato —más allá del tiempo y el lugar de la experiencia artística, como paradigmas sobre los que se generaban nuevas nociones de futuro. La incertidumbre de la pandemia establecía una plataforma inigualable para reforzar esos principios, especulando sobre el devenir, sobre el futuro, aquí y ahora. Así, deshaciéndonos de derivas más abstractas, basamos nuestro método de trabajo en una serie de conversaciones con los artistas, a quienes ofrecemos el presente como punto de partida, como portal a una realidad futura —cultural, sociopolítica, educativa, institucional, medioambiental, etc.— para generar así las bases para la formulación de un mundo post-pandémico.

 

En este sentido, la propuesta asume el formato de un proyecto de proyectos que se genera a lo largo de los cinco meses del festival, con intervenciones en el espacio público, además de exposiciones en espacios públicos y privados de la ciudad y la región de Oaxaca. Estos eventos se intercalan con manifestaciones de la cultura popular oaxaqueña existente. Fundamental para nuestra propuesta —en la que el equipo curatorial de HacerNoche trabaja desde hace más de tres años con agentes clave del territorio— es la idea de que el contexto es evocado y ensalzado a través de obras que ponen de manifiesto el saber y la cultura de las comunidades de la región. Ese tejido social, urbano y rural, será la plataforma sobre la que diversas historias, presentes y futuras fábulas, tendrán lugar. Y, es en la participación de los oaxaqueños—artistas o no— junto a los autores invitados, lo que definirá el proyecto en su conjunto.

Un Festival de Artistas

Desde un primer momento, la necesidad de romper con el formato y las expectativas de la bienal de arte, fue fundamental para la determinación de la idea de proyecto. Aunque la presencia de dos grandes exposiciones colectivas —en el Museo de las Culturas de Oaxaca y el Centro de las Artes San Agustín— será fundamental para el mismo, la ejecución de obras en el espacio público, el desarrollo de performances efímeras recurrentes y la celebración de proyectos puntuales serán parte clave de esta propuesta.

 

HacerNoche: Promised Land se articula a través de las respuestas de los artistas invitados a las premisas curatoriales, pero también y significativamente a la región y la ciudad de Oaxaca, su gente, su cultura, su historia. Una serie de proposiciones que giran en torno a la noción de lo que Donna Haraway denomina como “fabulaciones especulativas”, que parten de la necesidad de generar interpretaciones, narraciones o fábulas que ofrezcan perspectivas de lo posible. La fábula se produce no en una forma completamente nueva, sino que establece otras perspectivas a aspectos que ya estaban en potencia, que eran susceptibles de existir. Estas “fabulaciones especulativas” nos ayudarán a establecer otra relación crítica y honesta con la historia, ofreciendo nuevas trayectorias y generando o presentando momentos en que tuvieron —o tendrán lugar— nuevos mitos de origen, nuevas experiencias.

 

Crítica para nuestra propuesta fue entonces la idea de esa promesa incumplida o por cumplir que atestigua el extraordinario epígrafe de los murales de Rivera: la armonía de un mundo civilizado está aún por venir.

En gran medida las obras que se presentan en este proyecto tienen como punto de partida la necesidad de plasmar ese deseo plural en el espacio público, de afectar la esfera pública desde la estética, de activar ámbitos institucionales desde el deseo individual del “yo” con una clara voluntad colectiva.

 

Durante la duración del proyecto, Oaxaca se convertirá en un lugar para la fabulación— y, porque no, para la confabulación— y la generación de narraciones de unos mundos, unas comunidades, y unos individuos posibles. Así, las instituciones y el espacio público de la ciudad acogerán propuestas que narran una serie de episodios aleatorios, históricos o imaginarios que se nos presentan como cotidianos, relatados a modo de “fabulación especulativa”. Contrario a una visión de narración cerrada, predefinida por un formato expositivo al uso, HacerNoche: Promised Land explora la performatividad de la fábula y su gesto. Esto radicará entonces no solo en la capacidad de las obras para cuestionar la posibilidad de una alternativa a nuestro presente y a sus historias, sino si nosotros como espectadores y participantes de dichas experiencias, estamos dispuestos a abrazar ese desafío.

Ejes conceptuales

A partir de la creación de escenarios diversos, y en relación—a veces tangencial, otras veces directa— nuestra propuesta presenta exploraciones de un conjunto de nociones que interrogan el presente y posibilitan su reinterpretación. Así, cada espacio —institucional, público o privado— añade una pátina de posibilidad a este ejercicio de reinvención y experimentación. Estos son algunos de los ejes conceptuales del festival:

Aleatorio Colectivo Comunidad Deseo Ecología Esfera Pública Experimentación Fábula Fabulaciones Especulativas Historia historias Institución Imaginación Interdependencia Multiespecie Narración Nostalgia Performatividad Reenactments Representación Política  Sujeto Subjetividad Redefinida Ritual Rural Voluntad colectiva… entre muchos otros.

Elvira Dyangani Ose

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